14.9.09

Mi primera experiencia fuera del closet (2)


Antes de cerrar la puerta metálica tras de mí, miré hacia todos lados para ver si al menos los primeros pasos podría darlos relativamente tranquila.
Inconcientemente tenía la cabeza gacha y así, tanto el flequillo como la melena me cubrían el rostro, lo que me hacía sentir cierta protección imaginada...
Los ojos bien abiertos y la respiración entrecortada. La boca abierta y fría (es lo que me suele suceder cuando estoy nerviosa y tensa. Respiro por la boca y luego de poco rato la siento fría y seca).
Las casas de la vereda de enfrente estaban casi todas con sus luces de los porchs encendidas, lo que me complicaba las cosas. Pero era ese el momento, o ningún otro. Así que terminé de cerrar la puerta, eché llave y guardé el manojo en mi cartera. Respiré profundo, tanto como mis nervios lo permitieron, y me puse en marcha. No sabía hacia dónde, pero debía salir de allí lo antes posible, porque si no era así sabía que mis fuerzas flaquearían y terminaría sucumbiendo a los miedos que me estrujaban el estómago.
Acomodé la falda en un movimiento más propio de un tick nervioso que por una real necesidad de emprolijarla.
En mi cuadra no se veía a nadie caminando en ese preciso momento. Sólo ví a una pareja cruzando la calle en la cuadra siguiente. Aparentemente iban conversando y no prestaban mayor atención a lo que sucedía a su alrededor.
Cuando me dispuse a caminar, no sé por qué me puse como para hacerlo en el sentido contrario al tránsito, pero una luz de un auto que ya estaba casi en la esquina me hizo cambiar de opinión. Evidentemente eran infinitamente mayores mis temores y dudas que mis certezas... así que lo mejor sería caminar en el sentido del tránsito, así las luces de los coches que pasaran me iluminarían desde atrás.
Los primeros tres o cuatro pasos fueron los más dubitativos y torpes que jamás he dado en la vida. Creo que más aún que los que habré dado de bebita... jaja
Una vez más hice una inspiración profunda, buscando que el oxígeno aclarara mi mente y calmara un poco los nervios. Recompuse la marcha balanceándome lo mejor que pude, como tantas y tantas veces había practicado en casa, a solas.
La cabeza alta y casi inmóvil y la vista al frente. Al caminar, hacer ese evidente pero delicado movimiento de caderas que sólo una mujer puede hacer. La mujer no hace oscilar su cabeza como el hombre. La mantiene mucho más en su centro, tal como hacen las modelos en los desfiles.
Así, con esos pensamientos martillando mi cabeza como una orden imperiosa del cerebro a todo el cuerpo, fue como me lancé por primera vez a caminar una vereda como una mujer plena y con deseos de beber toda la libertad...

El airecito tibio que corría a lo largo de la vereda y en sentido contrario al que yo iba, hacía que la tan leve falda del vestido se pegara a mis mislos. Era sensacional...!!! Una sensación maravillosa, sensual y dulce. No me había puesto pantimedias, así que mis piernas recientemente depiladas recogían y procesaban todas las hermosas señales de la primavera.
Y allí iba yo, por un camino incierto pero ansiado, peligroso pero magnético...
Caminé, cada vez más suelta y decidida. Caminé no sé cuántos minutos y en ese momento, no tenía noción de qué distancia había recorrido. Iba como flotando, extasiada...
De pronto, unas voces me devolvieron a la realidad. A mí realidad... Eran tres hombres que estaban por salir de una casa por la que justo comenzaba a pasar yo... Acababan de cerrar la puerta principal y se dirigían por el pequeño jardín hacia la puertita que lo separaba de la vereda. La sorpresa hizo que instintivamente mirara hacia el reducido grupo de hombres, pero inmediatamente volví la cabeza hacia adelante y bajé un poco la mirada... Sentí los ojos de esos hombres clavados en mí. No sé dónde, pero sé positivamente que me miraron... Después de todo, es algo absolutamente típico de los hombres al ver una mujer. Más aún, una mujer sola y a esas horas...
Afortunadamente no pasó de eso. Ellos, después de un breve silencio, siguieron con su charla mientras ya estaban pisando la vereda. Yo trataba de apurar el paso sin que fuera demasiado evidente y sin perder mi porte femenino, mientras tanto mis oídos eran dos radares que trataban de captar cualquier peligro, cualquier palabra o ruido que me indicara que esos hombres venían detrás de mí.
El miedo me tenía increíblemente tensa y sé positivamente que todo mi cuerpo temblaba, aunque seguramente no era perceptible...
Cuando noté que aquellos hombres comenzaron a caminar en sentido contrario al mío, suspiré profundamente aliviada...
Fue en esos momentos en que tomé conciencia de que me había arriesgado demasiado aquella primera vez. Había caminado una cuadra más de lo que me había propuesto y, para no regresar por el mismo camino y correr el riesgo de cruzarme con aquellos hombres, si es que alguno o algunos de ellos volvían a la casa, debía doblar en la próxima esquina y volver por la calle paralela a la mía. De ese modo, cuando finalmente llegara a mi casa, habría caminado unas 6 cuadras.
Para cualquiera y en circunstancias normales, no sería absolutamente nada. Pero para mí, en mi primera salida, era una enormidad y un riesgo innecesario, porque esa primera salida tenía el único propósito de auyentar un poco los temores y probar si me sentía capaz de hacerlo. Cualquier inconveniente serio o impensado, haría que mis miedos aumentaran.
Seguí mi camino, siempre cuidando de verme tranquila y segura, pero procurando que mis pasos no resonaran demasiado en la semisoledad de esas calles...
Cuando me detuve en el cordón de la vereda de la última esquina que debía transitar, esperando a que pasara un vehículo que venía de mi izquierda, de otro automóvil que también pretendía cruzar la calle en mi mismo sentido, escuché que alguien joven, un hombre, me decía algo asomándose por la ventanilla. No sé realmente qué dijo... Era tanto mi pánico que me bloqueé por unos instantes y sólo atiné a comenzar a caminar para cruzar a la otra vereda, girar hacia mi calle y dejar a ese otro automóvil detrás. En ese intento y con todos los nervios a flor de piel, no ví que bastante próximo al auto que acababa de pasar, venía otro... Frenó algo bruscamente y me tocó un bocinazo. Imagino que debe haberme dirigido unos cuántos insultos, pero yo ni me enteré...
Apuré el paso todo lo que pude. Casí corría, aunque no quería hacerlo para no llamar más la atención...
Esos últimos cien metros hasta mi casa, creo que fueron los más largos en la historia de la humanidad... jajaja

Transpiraba y jadeaba. Sentía mis muslos ardiendo y los labios apretados mientras revolvía mi cartera buscando las llaves y, al mismo tiempo, mirando hacia todos lados para fijarme si no había ningún vecino en la vereda o en alguna ventana que pudiera ver entrar a una mujer donde supuestamente no debería entrar...
Cuando pude introducir la llave en la cerradura y girarla, tomar el picaporte y abrir la puerta... pareció como si una mano invisible me tomara del vestido y me introdujera violentamente dentro de mi casa...!!!
Cerré la puerta muy rápidamente, sin fijarme si hacía mucho o poco ruido... Sentí que mis piernas flaqueaban, giré sobre mí misma y con una enorme sonrisa de satisfacción y también temor apenas superado, me desplomé de espaldas contra la puerta. Allí me quedé quién sabe cuántos minutos, mientras gruesas lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos sin poder evitarlo. Sin querer evitarlo, tampoco...

(*) Creo que es necesario una pequeña aclaración. No recuerdo si aquí, en el blog, o en algún post o en una respuesta a un comentario, dije alguna vez que nunca había tenido una experiencia de este tipo. Que nunca había "salido del closet". Sí, lo dije. Pero no fue con intención de mentir, sino porque sólo tuve ésta experiencia y una más. La última, de la que ya les voy a contar, fue algo bastante traumática (no porque sucediera algo grave, pero sí porque me dejó asustada e insegura). Eso hizo que hasta el día de hoy no me volviera a animar a salir a la calle...


5 comentarios:

J.Carlos dijo...

Siento mucho esa dura experiencia, me imagino que fué muy difícil para ti.
Es muy complacado aconsejar, hagas lo que hagas que te cause el menor sufrimiento posible, no te fuerces a hacer algo que sabes que te puede dañar.
Tu misma sabrás cuando llega el momento de intentarlo, hasta entonces sé lo más feliz que puedas.
Un abrazo

mariel dijo...

Tenés toda la razón, J.Carlos... Es sumamente difícil dar un consejo. Al menos, un consejo sincero y a la vez que tenga un alto contenido de sensatez... Y el tuyo, mi querido amigo, tiene ambas cosas de sobra.

Te prometo que trataré de ser lo más feliz posible.
Esto, por ejemplo... poder contar mis cosas, compartirlas con gente hermosa como vos y otros/as amigos/as, me hace feliz.
Por el momento, esta es mi manera de expresar lo que soy. Cuando me sienta con más fuerzas y confianza en mí misma, evaluaré la posibilidad de intentarlo nuevamente.

Te dejo un beso enorme y muy feliz de verte siempre por aquí, querido amigo...
Hasta prontito...

BELMAR dijo...

viva la honestidad!!

mariel dijo...

Muchas gracias, Belmar...!!!

Aunque sumamente breve, me parece un hermoso mensaje el tuyo...
Y me alegra infinitamente que consideres honesto mi relato. Es lo que trato de hacer siempre, porque de mentiras estamos saturados. Y no tendría valor alguno todo esto si fuera deshonesto.

Te dejo un beso y de nuevo, muchas gracias...!!
Hasta prontito

Richard dijo...

muy lindo me gusto esa entrada

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